Memoria del Sueño

Cosas que decir y no se puden pronunciar (Carlos Jesús Márquez)

La encontraron muerta esa tarde de abril en la casa junto a la huerta de la avenida Brasil. Había sido ahorcada con una soga, luego abandonada vestida con su toga.

Toda la policía llegó e hizo averiguaciones. Me interrogó el jefe de las unidad de investigaciones. Le dije la verdad, que no sabia quien era. No era mi amistad, era cualquiera. Yo sólo había pasado para irme al hospital. Y esto me ha enseñado que de todos se piensa mal.

El cuerpo de la víctima no tiene quien lo reconozca y se vuelve intima con las moscas. Olvidada en un rincón de la morgue se encuentra, no hay lugar de refrigeración para quien ahi se adentra. Sería una gran idea tirarla a la fosa común y dejarla que se embarre con oscuro betún. Pero su muerte no esta esclarecida y el nombrede su mala suerte tampoco es conocida.

Esta mañana fría, los periódicos dicen que se suicidó pero su nombre nisiquiera se supo. Y es que se le olvidó dejar una carta y de eso yo me ocupo. Trataré de averiguar por qué se mató, de salir y hallar la cuerda que la ató.

Han pasado semanas y no he conseguido su última nota. Creo que han sido tareas vanas las que hoy tanto me agotan. No está el papel que escribió esa noche luegó de probar miel y encender su coche, para luego irse al mar y ver el último ocaso, Ella no debia allí estar. Pero, por si acaso, yo me encargué de que no viera al sol y su último brillo. Y es que la nota yo me la llevé y la dejé en mi bolsillo.

25/05/08

Las dos nuevas

Levanto su mentón, abro su boca. Tras la técnica de resurrección una cachetada me toca. "¿Dónde quedaron las gracias?", me pregunté absorto. Ella, la de la cabellera mas lacia y del bikini más corto, coge su toalla playera y se dirige al baño. Saca una enorme manguera y abre el caño. Me moja por completo, desde la gorra a los zapatos. "Si no me llamaron, ¿para qué me meto?", maldigo a la chica que me humilla a cada momento.

Todo empezó esa mañana con la invitación de la vecina. Ella y su hermana inauguraban su nueva piscina. Yo no tenía traje de baño y pasé sólo a saludar. Llegué y me sentía extraño entre gente que gusta ufanar. Ya me iba retirando cuando me crucé con ella quien los meneaba con tanta brillo. Yo me quedé mirando con las manos en los bolsillos. Los balanceaba de arriba a abajo, de uno a otro lado. No sé de donde las trajo pues no las tenía el mes pasado pero son impresionantes las dos que ella ostentaba. Y es que nunca antes vi unas tan infladas.

Por el borde de la piscina ella caminaba. Ella es hija de mi vecina, la chica que yo adoraba. De pronto, perdió el equilibrio por el volumen de sus nuevas adquisiciones. Cayó en el fondo y no sabe nadar. Un respiro hondo, un clavado y ganas de salvar. Llego hasta ella y veo las tremendas esferas. Brillan como estrella, como una verdadera. Las cojo despacio y las sobo delicademente. Hago un espacio y me doy cuenta que ella está ahi presente. Me lleno de coraje y hago un último esfuerzo. Me fijo tras su pequeño ropaje que me recuerdan los melones que almuerzo.

Del agua, logro sacarlas, a ella también. Trato de reanimarla mas no se ve bien. No está respirando y soy el único que primeros auxilios sabe. Boca a boca, respiración le voy dando. No quiero que esto acabe. Más ella vuelve en sí. Volvemos, entonces, al comienzo de la historia. Este es un relato sobre mí, ella y las dos pelotas nuevas que robó de la preparatoria.

30/04/08

Roja poesía

Sus pasos se escuchan lejanos, siento que apresura la marcha. Me gustaría coger sus manos y pintarlas con purpurina plata y roja escarcha.

La prisa se nota en su andar, ligero y veloz. Yo la quiero alcanzar y una vez más oír su tenue voz. Melodía que se apaga y llega el silencio ensordecedor. Me pregunto por qué ha callado sin decir adiós, por qué ha volado sin sus alas, las dos.

No sé si te puedo tocar, sentir tu piel en mis dedos; por tus cabellos mis uñas pasar sin sentir más miedos. Anhelo tener confianza y decirte lo que pienso, espero una esperanza para un corazón intenso que deja de latir en cada momento que te ve vivir caminando muy lento.

Hay tantas cosas por hablar, narrarte lo que he soñado: ir juntos hacia la mar y ver el cielo nublado. Desearía tenerte entre mis brazos y que seas mía. Por ello, dibujo trazos y escribo prosa y poesía, trato de imaginar cómo has de morir al terminar yo de escribir.

En este eterno instante ya te he alcanzado, mi dulce musa amante de sueños mojados. La lluvia cae en tu pecho gota a gota, y un un rayo cae desde el techo al lado de una de mis botas. Lo recojo del piso y veo en él el reflejo de tus ojos. Di, si sabes, algún hechizo pues han de nacer los ríos rojos.

He perdido la cuenta, han sido demasiados. Espero que no se sienta el olor de tu corazón recortado. Fuiste mi mejor poema, mi gran fantasía, mas no eras el principal tema de mi siguiente poesía.

Son las seis de la mañana, el despertador suena, me quito las legañas y me pongo mi única camisa buena. En la esquina de la habitación está mi blue jean, me pongo el pantalón y cojo mi maletín.

Sin tomar desayuno, salí a la calle, no hay vehículo alguno y no quiero que mi bicicleta me falle. Con timón en mano y pedales a prisa, un pique sobrehumano y una suave brisa. Las avenidas lucen vacías; las aceras, despobladas, sin personas de miradas frías, sin ella y sus zapatillas aladas.

Me doy cuenta que solo estoy, no hay nadie a mi al rededor. No sé a dónde voy, que alguien me diga lo que pasó, por favor. Las respuestas no aparecen, no las encuentro. Más dudas en mi mente florecen y he llegado al Centro.

Aquel lugar está desolado, cubierto de otoño, hojas caen de lado a lado y veo en el piso su rosado moño. No entiendo que pasó mientras dormía. ¿Acaso estoy soñando?- me dije mientras corría y me acercaba a un objeto que estaba brillando. Lo recogí del piso. Era una pistola casi nueva cubierta de granizo. Lo raro es que acá nunca neva.

La cogí lentamente y apunté hacia mi occipital. Sólo tengo en mente despertar en mi cama o en el paraíso celestial.

Me armo de mucho valor y disparo la maldita arma. Silencio abrumador y luego suena mi alarma.

Son las seis de la mañana, el despertador suena, me quito las legañas y me pongo mi única camisa buena.

22/03/08

Ya no lucha

Ella era maga y su mirada me dejó encantado. Yo quise participar en su acto mas no me había dado cuenta que ya estaba hipnotizado. No hubieron palabras, bastó que sus pupilas se clavaran en las mías y sin querer empezaba la función de fantasía. Su mirada me atrajo cuando la vi desde muy abajo; sus ojos, de oscuridad marcados, me fascinaban cuales dulces bocados.

Tan alegre, tan divertida, mas no querida. Bajo esa sonrisa se esconde un pesar, que traté de aliviar. Poco a poco me acerqué a ella, conversando en las noches de una estrella, platicando de por qué no estas acompañada desde la medianoche hasta la madrugada.

Dejé de mirarla desde lejos para acercarme y dar consejos, brindarle ayuda en una mano extendida y mi hombro para que quede en él dormida.Quería que descanses a mi lado y vivamos sin mirar hacia el pasado, dejando mucho atrás, ella, yo y nadie más. Pero no pude alejarla de todo, y fue que de ese modo que ella encontró compañía en otro lugar, y sin darme cuenta ella caminó hacia el mar.

En esas aguas encontró abundancia, tesoros y más ganancias; en esa inmensidad, ella encontró más que amistad. Ella se quedó ahí, sin perro que le ladre, y yo aquí, con mi corazón que se abre cuando la veo navegar en las aguas profundas anhelando que su balsa se hunda para poderla rescatar y volver empezar a luchar.

Mucho tiempo ha pasado y hacia el mar he mirado, espero verte naufragante, pero no apareces en ningún instante. Será que has cambiado, que la felicidad has encontrado, que llenaste ese vacío, aunque no sea con el cariño mío. Ojalá lo hayas hecho, yo todavía camino derecho pensando en los momentos que casi fuiste mía y también en el porqué nunca te dije que te quería.

17/02/08

Acróstico II

Con la mirada de perro hambriento, aquella que no expresa reales sentimientos, sigue la luz que acompaña sus sombra, que lo amilana y asombra. La oscuridad que lo rodea, negra como brea, se despeja cuando ella aparece, con sus colores que florecen. Su sonrisa aleja los vientos que lo atormentan y las nubes que lo lamentan, las tardes solitarias en el autobús viajando clavado a una cruz.

Pero ahora los atardeceres los comparte con la musa de su arte, la fuente de sus alegrías, la flama de sus agonías. Ella hace que el viva en misterio, disimulando burlas en algo en serio, negando lo que quiere y disimula que por ella muere.

Parece que no le molestan los comentarios, pues él está más cerca que sus adversarios. Sabe que el puede ganar la carrera si sigue de esa manera, como fiel compañero, amigo consejero. Sin embargo, hay algo que se lo retiene, y no es qué sino quienes. Dos amigos añoran lo mismo, como agua del desierto en espejismo. Ellos muestran con claridad lo que él dejó como amistad.

Y así fue como se quedó, uno de los otros se la llevó. Ella sigue siendo su amiga, cualidad que a él lo castiga. Todavía caminan juntos por las avenidas como cuando fueron al puente para hablar de suspiros y sus vidas.

La historia todavía no ha sido concluída, así como la suya tampoco la mía. Él nunca olvidará a ella ni su historía mágica, pero a la vez la más irrisoria y trágica.

7/02/08

Acróstico I

Con la mirada imprecisa y su arrastrar al caminar, él se dirige todos los días al mismo lugar. La neblina en la mañana, triste y silenciosa, hacia su destino lo acompaña, charlando sobre aquella rosa.
Muy puntual ha llegado. Las puertas cerradas y, muy cerca, en el piso se ha sentado. Saca un libro y se pone a leer. Pasan los minutos y segundos, las puertas se abren e ingresa a nuestro meditabundo.
Se sienta y mira a través de la ventana, ve a su rosa -una chica alegre y losana-, quien dando largos pasos, llega presurosa. Entonces, sólo hay que aguardar que el tiempo pase para que con ella pueda encontrarse.
Cuntas veces ha negado aquellos que sentía, disimulando las penas que vivía, tratando de hacer creer a los demás lo que él no podia explicar y, en realidad, no supo hacerlo jamás.
Los caminos a sus casas se cruzaban, el sino los entrelazaba. No le importaba esperarla durante las tardes o en la noche fría, esperando en un lado oscuro mientras ella resplandecía.
Ambos disfrutaban la compañía del otro y su forma de ser. Pero, ¿qué se puede hacer cuando se quiere ir más de la amistad? Es una respuesta que, personalmente, no podría contestar. Él también desconocía la respuesta, pasaba el tiempo pensando en la decisón menos funesta.
El siempre fue su amigo y ella, su amiga. Y así quedaron las cosas hasta hoy. No hay condena que lo castiga, pues un buen día hizo conocer sus sentimientos, y por ello no hay razones para que surjan arrepentimientos.
Sus pasos cansados, fieles acompañantes, son testigos que su historia no tiene aún un fin, ¿no es así, mi estimado amigo, Arlequín?