Memoria del Sueño

Cosas que decir y no se puden pronunciar (Carlos Jesús Márquez)

31/07/08

No hay porqué

Perdona si me dirigo con versos pero es que así yo converso.
Perdona por escribirte un acerbo cántico pero es que me cansé de los tonos románticos.
Perdona que nos hayamos conocido por el favor que me habías pedido.
Perdona si confundiste lealtad con eso llamado amistad.
Perdona si yo te hice creer que eso podía ser.
Perdona las tardes de ocio cuando creiste que yo era tu negocio.
Perdona si dije algunas mentiras pero no pensé que tu las creerías.
Perdona por esa lágrima en tu mejilla cuando te dije palabras vacías.
Perdona que sea yo quien te haya utilizado pero ya es cosa del pasado.
Perdona que no esté a tu lado pero no quiero lo que me has dado.
Perdona mis pecados si es que por ti fueron consumados.
Perdona que te llame una cualquiera pero por fin digo cosas verdaderas.
Perdona si todo te ha ido mal pero me alegra ver ese final.
Perdona por tu mala suerte, solo espera la muerte.
Perdona si me alejé cuando me necesitabas pero es que ya no quiero saber de ti nada.
Perdona porque te pido perdón hoy cuando yo de ti nada soy.
Perdona la última rima y es que ella cierra una historia que lastima.

8/07/08

Mensajero

La saluda desde lejos sin verla a través de el espejo en el que rimas el escribe y crea esperando que ella los lea.

Uno tras otro versos caen con fuerza, mientras en otra ventana con ella conversa, a través de un cristal de colores, de muchos íconos con pocos valores.

Se demora en responder, quizás de él no quiere saber, pero solo estaba ocupada y le contesta con parpadeantes estrellas iluminadas.

Le habla sin verla y piensa solo en quererla, en enviarle un zumbido que refleje el corazón y su último latido.

Le encantan sus guiños, gestos de cariño; estar con ella en contacto aunque sea sólo un rato y es que el no quiere que se vaya pues se queda sólo frente a esta pantalla.

Ojalá entienda esas letras virtuales porque él entra y ella sale. Sabe su dirección y espera que su corazón sólo cierre por ella sesión.

Buenos sueños él a ella le desea al irse, ella se despide mientras él empieza a morirse. Apaga el ordenador esperando que ella comprenda una declaración de amor.

Sentada en una banca, en un patio de universidad; ella, la de la chompa manca y pantalón relleno de vanidad, lee un libro anillado de tenebroso grosor, esperando que miren hacia su lado y ven su esplendor. Mas está sola entre la multitud presente. No hay quien tenga un hola por decirle en mente.

Sigue la rutina de la lectura, voltea la página y continúa. Las pisadas, firmes y duras, siguen su curso y no se atenúan. Nadie gira a verla ni siquiera de reojo. Ni a su vincha perla ni a su libro rojo.

Ninguna mirada ajena se posó en sus pupilas aquella mañana. Nada de lo que esperaba pasó, y se pregunta el porqué mirando la ventana. La clase empieza y ella sigue viendo hacia afuera. Nada mas le interesa y desea que muera. No tiene sentido estudiar o vivir sin ser por los demás observada. Indiferencia y empezarla a sentir es algo a lo que no está acostumbrada.

La pena se hunde así en su joven alma. Su labio carmesí no se llena de calma y grita su pesar a todos los demás. No hubo quien voltee hacia su lugar, nadie miró hacia atrás. Sorprendida bajó las gradas y se fue al baño. Lágrimas en el lavadero eran regadas, y ,de pronto, se abrió un caño.

Un joven enjabonó sus manos y las dejó enjuagar. De su mochila una toalla sacó y se empezó a secar. Ella no dijo palabra alguna y se quedó boquiabierta. Sin certeza sin fortuna la pobre había estado muerta.

La encontraron muerta esa tarde de abril en la casa junto a la huerta de la avenida Brasil. Había sido ahorcada con una soga, luego abandonada vestida con su toga.

Toda la policía llegó e hizo averiguaciones. Me interrogó el jefe de las unidad de investigaciones. Le dije la verdad, que no sabia quien era. No era mi amistad, era cualquiera. Yo sólo había pasado para irme al hospital. Y esto me ha enseñado que de todos se piensa mal.

El cuerpo de la víctima no tiene quien lo reconozca y se vuelve intima con las moscas. Olvidada en un rincón de la morgue se encuentra, no hay lugar de refrigeración para quien ahi se adentra. Sería una gran idea tirarla a la fosa común y dejarla que se embarre con oscuro betún. Pero su muerte no esta esclarecida y el nombrede su mala suerte tampoco es conocida.

Esta mañana fría, los periódicos dicen que se suicidó pero su nombre nisiquiera se supo. Y es que se le olvidó dejar una carta y de eso yo me ocupo. Trataré de averiguar por qué se mató, de salir y hallar la cuerda que la ató.

Han pasado semanas y no he conseguido su última nota. Creo que han sido tareas vanas las que hoy tanto me agotan. No está el papel que escribió esa noche luegó de probar miel y encender su coche, para luego irse al mar y ver el último ocaso, Ella no debia allí estar. Pero, por si acaso, yo me encargué de que no viera al sol y su último brillo. Y es que la nota yo me la llevé y la dejé en mi bolsillo.

25/05/08

Las dos nuevas

Levanto su mentón, abro su boca. Tras la técnica de resurrección una cachetada me toca. "¿Dónde quedaron las gracias?", me pregunté absorto. Ella, la de la cabellera mas lacia y del bikini más corto, coge su toalla playera y se dirige al baño. Saca una enorme manguera y abre el caño. Me moja por completo, desde la gorra a los zapatos. "Si no me llamaron, ¿para qué me meto?", maldigo a la chica que me humilla a cada momento.

Todo empezó esa mañana con la invitación de la vecina. Ella y su hermana inauguraban su nueva piscina. Yo no tenía traje de baño y pasé sólo a saludar. Llegué y me sentía extraño entre gente que gusta ufanar. Ya me iba retirando cuando me crucé con ella quien los meneaba con tanta brillo. Yo me quedé mirando con las manos en los bolsillos. Los balanceaba de arriba a abajo, de uno a otro lado. No sé de donde las trajo pues no las tenía el mes pasado pero son impresionantes las dos que ella ostentaba. Y es que nunca antes vi unas tan infladas.

Por el borde de la piscina ella caminaba. Ella es hija de mi vecina, la chica que yo adoraba. De pronto, perdió el equilibrio por el volumen de sus nuevas adquisiciones. Cayó en el fondo y no sabe nadar. Un respiro hondo, un clavado y ganas de salvar. Llego hasta ella y veo las tremendas esferas. Brillan como estrella, como una verdadera. Las cojo despacio y las sobo delicademente. Hago un espacio y me doy cuenta que ella está ahi presente. Me lleno de coraje y hago un último esfuerzo. Me fijo tras su pequeño ropaje que me recuerdan los melones que almuerzo.

Del agua, logro sacarlas, a ella también. Trato de reanimarla mas no se ve bien. No está respirando y soy el único que primeros auxilios sabe. Boca a boca, respiración le voy dando. No quiero que esto acabe. Más ella vuelve en sí. Volvemos, entonces, al comienzo de la historia. Este es un relato sobre mí, ella y las dos pelotas nuevas que robó de la preparatoria.

30/04/08

Roja poesía

Sus pasos se escuchan lejanos, siento que apresura la marcha. Me gustaría coger sus manos y pintarlas con purpurina plata y roja escarcha.

La prisa se nota en su andar, ligero y veloz. Yo la quiero alcanzar y una vez más oír su tenue voz. Melodía que se apaga y llega el silencio ensordecedor. Me pregunto por qué ha callado sin decir adiós, por qué ha volado sin sus alas, las dos.

No sé si te puedo tocar, sentir tu piel en mis dedos; por tus cabellos mis uñas pasar sin sentir más miedos. Anhelo tener confianza y decirte lo que pienso, espero una esperanza para un corazón intenso que deja de latir en cada momento que te ve vivir caminando muy lento.

Hay tantas cosas por hablar, narrarte lo que he soñado: ir juntos hacia la mar y ver el cielo nublado. Desearía tenerte entre mis brazos y que seas mía. Por ello, dibujo trazos y escribo prosa y poesía, trato de imaginar cómo has de morir al terminar yo de escribir.

En este eterno instante ya te he alcanzado, mi dulce musa amante de sueños mojados. La lluvia cae en tu pecho gota a gota, y un un rayo cae desde el techo al lado de una de mis botas. Lo recojo del piso y veo en él el reflejo de tus ojos. Di, si sabes, algún hechizo pues han de nacer los ríos rojos.

He perdido la cuenta, han sido demasiados. Espero que no se sienta el olor de tu corazón recortado. Fuiste mi mejor poema, mi gran fantasía, mas no eras el principal tema de mi siguiente poesía.

Son las seis de la mañana, el despertador suena, me quito las legañas y me pongo mi única camisa buena. En la esquina de la habitación está mi blue jean, me pongo el pantalón y cojo mi maletín.

Sin tomar desayuno, salí a la calle, no hay vehículo alguno y no quiero que mi bicicleta me falle. Con timón en mano y pedales a prisa, un pique sobrehumano y una suave brisa. Las avenidas lucen vacías; las aceras, despobladas, sin personas de miradas frías, sin ella y sus zapatillas aladas.

Me doy cuenta que solo estoy, no hay nadie a mi al rededor. No sé a dónde voy, que alguien me diga lo que pasó, por favor. Las respuestas no aparecen, no las encuentro. Más dudas en mi mente florecen y he llegado al Centro.

Aquel lugar está desolado, cubierto de otoño, hojas caen de lado a lado y veo en el piso su rosado moño. No entiendo que pasó mientras dormía. ¿Acaso estoy soñando?- me dije mientras corría y me acercaba a un objeto que estaba brillando. Lo recogí del piso. Era una pistola casi nueva cubierta de granizo. Lo raro es que acá nunca neva.

La cogí lentamente y apunté hacia mi occipital. Sólo tengo en mente despertar en mi cama o en el paraíso celestial.

Me armo de mucho valor y disparo la maldita arma. Silencio abrumador y luego suena mi alarma.

Son las seis de la mañana, el despertador suena, me quito las legañas y me pongo mi única camisa buena.